Llevo más de 20 años trabajando con tecnología, desde infraestructura y networking hasta arquitectura, ciberseguridad y liderazgo tecnológico.
Empecé donde se aprende de verdad: sosteniendo sistemas que no podían caerse, de madrugada, con el teléfono sonando. Con los años ese trabajo cambió de forma —de la consola al diseño de arquitectura, del diseño a la mesa donde se decide cuánto se invierte y por qué—, pero nunca cambió de fondo.
Trabajo con comités de dirección y equipos de operaciones al mismo tiempo: traduzco riesgo técnico a decisiones de inversión, y decisiones de inversión a arquitectura operable. Ese puente entre tecnología y negocio es, probablemente, lo que mejor hago.
La música y la paternidad me enseñaron algo que se aplica igual en un NOC: los sistemas se sostienen con criterio y con personas, no solo con equipamiento. Por eso no separo el ingeniero del que escucha, discute y decide con otros.